20 mayo , 2024

Guillermo Coppola, sobre Diego Maradona: «Mientras llevaba su cajón, lo insultaba por haberme fallado»

Guillermo Coppola fue una de las pocas personas que pudieron estar presentes en el entierro del más grande del fútbol. A pesar de la distancia que se impuso entre ellos en los últimos años, fue uno de los encargados de trasladar el cajón con los restos de su gran amigo, Diego Maradona, hasta el lugar en el que serían sepultados. Y ese hecho, para él, fue más que simbólico.

hasta el último momento, el momento en el que lo enterrábamos. Así lo sentí. Durante el trayecto, te juro, iba metiéndole insulto tras insulto. Le decía: ‘Me fallaste’. Sentía que me había fallado, porque en las charlas de amigos, sobre todo en Cuba, donde estuvimos cuatro años bastante solos, yo le decía: ‘El día que me lleves, acordate de pedir que sea alegre, que no me lloren, si nosotros celebramos la vida siempre, vivimos a lo grande, nos divertimos, vivimos buenas y malas, altas y bajas. No me abandones, llevame hasta el final’. Y él me decía: ‘Quedate tranquilo, viejo’. Y lo llevé yo. ¡Lo llevé yo!».

«Me tocó a mí y lo viví. Agradezco a la familia toda, por más que hayan diferencias. Viví tratando de hacerle el bien. Repito: tuvimos buenas y tuvimos malas… El episodio de Punta del Este fue duro. Fue 20 años antes», recordó.

Dlugi le recordó entonces la impresión que dijo tener Claudio «Turco» García sobre el deceso de Maradona. El futbolista expresó que tenía la sensación de que su colega se había dejado morir. «Yo lo escuché al Turquito… Diego lo quería mucho. Es un tipazo. Un tipo que te habla a corazón abierto, que ha tenido dificultades, que las ha afrontado, que nunca ha negado sus problemas… Podía ser como él dice, pero más que una decisión propia creo que tiró mucho de la cuerda. Él dejó eso que tanto mal le hizo durante el recorrido de su vida, la droga, pero después vino el alcohol. Y cuando no era el alcohol, eran las pastillas y los psicofármacos. Él no tenía un límite. ‘Comé una porción de pizza, no comas dos’. Y se comía cuarto. Era un chico caprichoso. Pero, ¿qué pasa?: yo tenía el tiempo, el timing, la mayoría de las veces. Porque, había entre nosotros un amor especial. Un entendimiento. Él sabía que yo sufría cuando lo veía mal. Y él quería que yo esté bien».

Con respecto a las acusaciones que hizo en su momento Maradona en su contra y su decisión de no confrontar con él mediáticamente, explicó: «Pensá en el hombre que se enamora de una vedette y la ve en el puesto de diario con un broche con muy poca ropa en la tapa de una revista. A mí me pasó. Con la Yuyo [Amalia González] tuve una relación y tengo una hija hermosa, arquitecta, Barbarita. Pero yo la veía en la revista Playboy, en la revista Libre… ¡Yo no le podía poner una sotana! Si yo la conocí así. Después ella se la puso con los años… Con Diego me pasó lo mismo. Lo conocí contestatario, posesivo… Lo nuestro fue un gran amor. Me fui de al lado suyo y qué dijo: ‘Me robó la plata de mis hijas’. Y, en realidad, él se sintió abandonado».

«De Rocío Oliva me dijo: ‘Me enamoré de viejo’. Un día llegó a Ezeiza y la chica fue detenida. ¡La chica que él amaba! La había denunciado diciendo que le había robado unos aros, unos relojes», rememoró.La muerte de Diego Maradona. Claudia Villafañe y una vida al lado de «Dios»

«Yo las conozco, porque han crecido conmigo… Con Dalma y Gianinna también lo hizo. Dijo: ‘Me han robado’. Y también lo hizo con Claudia Villafañe, y creo que ahí cruzo un límite. ¿Sabés por qué? Porque yo creo que ahí ya no era Diego», afirmó luego. Y fundamentó: «Yo suelo justificarlo y jamás voy a hablar mal de él, pero siento que esa Noche del 10 que recordamos todos en Eltrece, esos trece capítulos con un Diego espléndido, el mejor Diego de todos los tiempos, una luz, no lo hizo conmigo. Lo hizo con Claudia, Dalma y Gianinna. El sostén no era yo. Yo ya me había ido. Y ese Diego no se volvió a ver nunca. Por eso, yo siento que cuando cruzó el límite con Claudia, ya no era Diego».

«Cuando lo dejé a Diego perdí todo. Perdí mi casa, el piso en el que ahora estoy en Avenida Libertador, que lo había comprado en el año 85. Lo perdí porque lo puso como garantía en la casa de Barrio Parque que terminó incendiada. Y empecé de cero, perdonando, porque viví una vida que vale más que el lugar en el que vivo, que vale más que una cuenta bancaria con muchos ceros, porque fue una vida de película. Y la viví por estar al lado de él», finalizó

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