BS AS, DOMINGO 13 DE JULIO 2025.- Mientras más del 55% de los chicos en Argentina son pobres, mientras las universidades luchan por sobrevivir, mientras los comedores cierran, los medicamentos no llegan, y los despidos del Estado se cuentan de a miles, el Gobierno de Javier Milei ejecutó el mayor gasto público en un primer semestre en los últimos 10 años.
Sí, el Presidente que se jacta de ser el verdugo del «Estado planero» y del «gasto público» gastó más que nadie. Pero no en derechos, no en salud, no en salarios. Gastó para sostener un modelo de exclusión, represión y privilegios.
No es motosierra, es topadora contra los derechos humanos.
La Asociación Argentina de Presupuesto Público (ASAP) lo confirmó: el Gobierno ya ejecutó el 45% del presupuesto en solo seis meses, superando por varios puntos el promedio histórico. A este ritmo, no alcanza lo aprobado ni con todas las “decisiones administrativas” que firman a escondidas. Y sin embargo, la educación pública está de rodillas, los organismos de memoria y derechos humanos desfinanciados, y los barrios más pobres en emergencia.
¿En qué se gasta entonces? ¿A qué intereses responde ese récord presupuestario?
Milei no achicó el Estado: lo puso al servicio del poder económico, las fuerzas de seguridad y los amigos del mercado. Ajusta desde abajo y reparte arriba. Desmantela el Estado de Derecho para construir un Estado del miedo.
En nombre del “libre mercado”, destruyó políticas sociales, quebró programas culturales, desfinanció la ciencia, y apagó la presencia del Estado en los territorios. Y al mismo tiempo duplicó la pauta para medios afines, protegió a empresarios fugadores, militarizó los conflictos y normalizó la violencia institucional.
Un gobierno que gasta más que nunca y deja más gente afuera que nunca no es libertario: es autoritario. Y un país sin derechos no es libre, es una dictadura disfrazada de Excel.
Hoy, en nombre del ajuste, se vulneran derechos básicos: salud, alimentación, educación, trabajo, cultura y libertad de expresión. Y la historia ya nos enseñó que cuando se quiebran los derechos económicos y sociales, también se abren las puertas para la represión, la persecución y el miedo.
La memoria no se ajusta. Los derechos no se negocian. La libertad no se construye sobre el hambre.







